viernes, 21 de febrero de 2014

Trapito

A la vera del espanto, justo en el pliegue del valor,
su lengua hizo diana en su piel,
su temple no era más que ayer.
Un artesano del papel que se vio extinto en la sed se acercó,
con la pluma le hizo un bosquejo de futuro,
él, muñeco de trapo cuál se sentía, se creyó hasta los hielos del licor.
Sin acuse de recibo entregó el brillo de sus ojos al peor postor,
ahora viaja con los pies llenos de costras de tinta
y con un fantasma caduco de ojos rubios y sabor limón,
anda con el grito descosido y bolsillos llenos de dolor.
Su sonrisa fue vendida por chuchería de ocasión,
a la reina del baile prescrita en aquella oxidada y vinagre canción.
Del proceder de su suerte luego de la fiesta se conoce poco, cenicienta,
pero hay quienes aún encuentran en la vuelta de su oreja una final devastador.
Pobre Trapito, exiliado al crimen bandolero de las calles,
el olvido le sienta mejor. 

EG. Papel Obras. Tn